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Hablar idiomas

Decía ayer mi compañera Rosa Palo, en este mismo espacio, que hablar idiomas está sobrevalorado. Esta afirmación, que comparto con fervor casi religioso desde la cómoda poltrona que forman mis dos lenguas maternas y las otras dos que aprendí por el camino, venía al caso del ‘playback’ amateur de un edil valenciano que quiso hacer creer a la Comisión Europea que de su boca, oculta tras una mascarilla negra, salía un discurso perfectamente articulado en un inglés más ‘british’ que el perfil derecho de Jeremy Irons. Reconozco que lo de la ventriloquía lingüística no es cosa menor, o dicho de otra manera –que diría un ilustre presidente de este nuestro país– es cosa mayor; pero quien quiera algo duro de verdad, quien busque mandanga para los muy cafeteros, hará bien en asomarse al profundo precipicio del transformismo semántico.

Si no me creen, pueden preguntarle a Carmen Lomana, que ayer quiso dar las gracias a todos los visitantes que llenan estos días las terrazas y las tiendas de Madrid para, un ‘tweet’ más abajo, responsabilizar sin paliativos a los vecinos de las zonas confinadas de su situación: «Si se están cargando algunos barrios, es por las personas que no tienen absolutamente ningún cuidado, ni toman precauciones». Idiomas sabrá muchos, pero de empatía ciudadana va un pelín justa: no hace falta ser un lince para percibir el clasismo recalentado que desprenden sus palabras. El que siempre es preciso y cristalino, para variar, es el doctor Cavadas, que estos días ha lanzado un dardo en forma de titular al Gobierno: «¿Ha habido alguien controlando la pandemia? Primera noticia que tengo». Y es que, hable uno en el idioma que hable, a buen entendedor pocas palabras bastan.

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