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La simulación de pezones infunde autoestima a mujeres con mastectomía

Lola ha pasado dos veces por el quirófano para que le extirparan sendos tumores de mama, la primera ocasión en 2009 y la segunda siete años después. Pese a que en ambas operaciones le reconstruyeron el pecho con resultados satisfactorios, Lola notaba una carencia: había perdido un signo distintivo de su imagen corporal, el pezón y su areola.

Fue entonces cuando decidió ponerse en manos de la unidad de las enfermeras del Hospital Ramón y Cajal de Madrid para que le hicieran una micropigmentación mamaria. Con un dermógrafo, un instrumento parecido a los que emplean los tatuadores, le dibujaron y colorearon el pezón. «Es el remate de todo un proceso. Significa pasar de ver un trozo de carne, porque realmente es así, a observar un pecho», cuenta Lola. Al cabo de dos o tres años, cuando los colores se han apagado un tanto, se repite la técnica y se introducen retoques, pues con el paso del tiempo la morfología de los senos cambia.

«Cuando me duchaba con una de mis sobrinas más pequeñas, que me ha visto con y sin pelo por la quimio, me preguntaba por qué en un pecho tenía algo oscuro y en el otro no. Se lo expliqué, porque he estado malita y me han operado. Cuando ya me vio con los dos, me dijo: ‘Ahora sí estás bien’», relata Lola.

Azucena Marzo es enfermera del Ramón y Cajal y lleva once años ejecutando esta técnica. Calcula que unas tres mil mujeres han confiado en su pericia para recrear un elemento que define en gran medida la identidad femenina. En el procedimiento se emplean pigmentos inorgánicos muy semejantes a la coloración de la piel y que tienen la ventaja de que no mudan tanto como las tintas de los tatuajes, que tienden a adquirir una tonalidad verdosa o azulada.

«No es exactamente un tatuaje. En ese caso la tinta se integra mucho más adentro, en la capa dérmica, y en la micropigmentación nos quedamos solo en la epidermis. Cuando al cabo de los años retocamos la aureola para dar un color más intenso, procuramos que haya las mayor simetría entre los dos pezones», explica Marzo, quien asegura que las pacientes son muy agradecidas: «Es asombroso el cambio positivo que experimentan. A veces se te echan al cuello».

«Es el remate de todo un proceso: pasas de ver un trozo de carne, porque es así, a observar un pecho» LOLA. PACIENTE

La micropigmentación es un procedimiento en alza, dado que cada vez es mayor el número de casos de cánceres de mama en mujeres jóvenes. Belén Mazarrasa, cirujana plástica del hospital madrileño, acaba de operar a una mujer de 27 años. No se sabe muy la causa de esta precocidad, si obedece a factores genéticos o ambientales. Mazarrasa procede a la reconstrucción mamaria inmediatamente después de la extirpación del tumor, lo que le evita a la paciente el trauma de verse amputada. Utiliza tejidos propios de la paciente, extraídos generalmente del abdomen, la espalda o las nalgas, para reconstruir el pecho. «Al ser las enfermas cada vez más jóvenes, tienden a ser más exigentes, y está bien que así sea», apunta la cirujana plástica.

Olga Salcedo es supervisora de la unidad de enfermería que lleva a cabo esta práctica. Al principio diseñaba de todo, desde labios leporinos a cejas, pero la lista de espera en las pigmentaciones mamarias llegó a ser tan grande -ahora es de un año- que tuvieron que especializarse en el diseño de areolas y pezones. «Cuando las mujeres que han sufrido un cáncer de mama ya se han curado, quieren volver a ser normales, mirarse al espejo y que la ausencia de la areola no les recuerde lo mal que lo han pasado. La micropigmentación les ayuda muchísimo», argumenta.

Prueba alérgica

Antes de efectuar la técnica, se comprueba que la paciente no es alérgica a los pigmentos usados. Para definir el contorno y colorear, el dermógrafo, dotado de un motor con agujas de diferentes puntas y grosores, se introduce en la parte más superficial de la piel. «Hay diversas técnicas para dar naturalidad a una areola, de modo que simule tener relieve. Eso ya depende de la mano y la habilidad de cada una», apunta la supervisora.

«Las mujeres que se han curado quieren volver a ser normales» olga salcedo. supervisora de enfermería

Entre la intervención quirúrgica y la micropigmentación han de pasar entre cuatro y seis meses, para que dé tiempo a que cicatricen las heridas. Se ha de poner especial cuidado en la asepsia y la esterilización. Las enfermeras de la unidad tienen mucha cautela con las personas que han recibido radiación, dado que la piel, al ser muy delicada, corre el riesgo de padecer necrosis y úlceras. Después, la paciente ha de curarse la zona intervenida tres veces al día con suero salino y una pomada antibiótica para evitar infecciones.

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