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Las muertes en accidente de trabajo se disparan pese al parón económico

El pasado martes Javier (nombre ficticio) estaba trabajando en una finca de la localidad cacereña de Jaraíz de la Vera cuando se quedó atrapado por un montacargas y, poco después, falleció. Ni siquiera le dio tiempo a llegar a un hospital. Solo tenía 36 años. Como él, son muchas, demasiadas, las personas que han muerto cuando simplemente estaban cumpliendo con sus obligaciones laborales. Sin previo aviso. Sin poder despedirse de sus seres queridos. Sin tenerlos a su lado.

Solo en los siete primeros meses del año se han contabilizado 418 accidentes de trabajo mortales, lo que supone 47 más que en el mismo periodo de un año atrás, según los datos publicados recientemente por el Ministerio de Trabajo. No deja de ser una paradoja que ni siquiera en un momento en el que hay mucha menos actividad, en el que la economía se paralizó casi por completo durante casi dos meses y continúa al ralentí, las muertes por trabajo no den una tregua y continúen en imparable aumento.

Nadie se lo imaginaba. Cómo imaginarlo en una situación de pandemia que ha derivado en unas drásticas consecuencias para la economía y la actividad. Ni el confinamiento estricto, ni la desactivación económica, ni la menor producción, ni el desplome en el número de trabajadores ha conseguido frenar una siniestralidad laboral que va ‘in crescendo’ en los últimos años.

Y no, no se puede culpar a la pandemia, porque la covid-19 solo es responsable de 14 de esas 418 muertes. Apenas representa un 3,3% y, sin embargo, los accidentes de trabajo mortales se han disparado un 12,7% hasta julio.

Otra de las paradojas que arroja esta estadística es ese bajísimo número de muertes de trabajo por coronavirus. ¿Cómo puede ser cuando han fallecido más de 60 sanitarios a consecuencia de esta enfermedad? Óscar Bayona, experto de CC OO en este tema, explica que solo se ha reconocido como accidente de trabajo a los trabajadores de los servicios sanitarios y sociosanitarios y, además, por un periodo muy concreto de tiempo y sin retroactividad: desde que se publicó el Real Decreto Ley del estado de alarma hasta un mes después de que finalizara. No obstante, el Gobierno ya ha corregido esto y el pasado martes aprobó la prórroga de la consideración como contingencia profesional derivada de accidente de trabajo de las enfermedades padecidas por el personal que presta servicio en centros sanitarios o sociosanitarios por contagio por coronavirus.

Pero las cifras tampoco salen: desde el estallido de la pandemia se computan casi 60.000 casos confirmados de coronavirus en personal sanitario y, sin embargo, hasta julio solo se han contabilizado 592 accidentes de trabajo con baja por este motivo, de los que 14 murieron. «El gran problema es que no se ha reconocido la contingencia profesional de manera adecuada, porque esto no es un accidente de trabajo, sino una enfermedad profesional producida por un agente biológico», apunta Bayona, que urge a que se reconozca así legalmente.

Marzo letal

Pero hay más incongruencias en esta estadística. El mayor aumento de la siniestralidad laboral se registró justo después de que se decretara el confinamiento total de la población española, en la segunda quincena de marzo, cuando el virus atacaba sin piedad. Del 14 de marzo al 31 las muertes por accidente de trabajo en jornada se duplicaron respecto a 2019 y ascendieron a 42, pese a que un año atrás los más de 18,5 millones de ocupados salían de sus casas sin ninguna restricción y en este periodo de 2020 la mayoría estaba paralizada. La subida en abril fue mucho más moderada (un 5,2%), mayo dio una tregua pero en junio, con la vuelta a la ‘nueva normalidad’, se volvió a disparar el número de muertes por accidente durante la jornada laboral: 49 en total, un incremento del 40%. En realidad, salvo en mayo y julio, el resto de meses ha habido un sustancial crecimiento de la siniestralidad laboral en jornada, tan fuerte que ni siquiera se ha compensado con la caída de los accidentes mortales ‘in itinere’ (-9%), consecuencia de que los desplazamientos se han limitado ahora al mínimo.

El incremento se produce especialmente entre los asalariados, lo que deja entrever que trabajan cada vez en unas condiciones más precarias, mientras que entre los autónomos hay un descenso, probablemente debido a que muchos negocios tuvieron que cerrar. El alza de las muertes laborales en mujeres casi duplica a la de los hombres: 38% frente a 17%, aunque en términos absolutos la inmensa mayoría de estos fallecimientos tienen nombre de varón: 385 frente a 33. Por sectores, el mayor repunte de siniestralidad mortal se ha producido en el sector agrario, donde los accidentes de trabajo mortales se han duplicado, seguido de la industria, con un alza del 50%. Solo la construcción ha conseguido reducirlos, probablemente debido al mayor parón en su actividad.

Desde CC OO explican que estos incrementos se dan por el deterioro en las condiciones laborales,el aumento del ritmo y las cargas de trabajo, lo que hace que se produzcan «fallos importantes» en la seguridad. «Los trabajadores cada vez se sienten más inseguros en sus empleos y, ante el riesgo de poder perderlo, asumen condiciones cada vez peores, que incluso pueden llegar a vulnerar la ley y sus derechos», lamenta este experto.

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