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Agonía y victoria del Deportivo en el barro

Un campeón de Liga juega en la tercera categoría del fútbol español. Algo que no ocurría desde que el Betis cayó a la categoría de bronce entre 1947 y 1954 para acuñar el “manquepierda”, bálsamo para tiempos de estrecheces. Eran otros tiempos. Los de ahora se escriben con una pandemia al acecho e instrucciones que sonaban distópicas por la megafonía del estadio de Riazor, donde unos 3.000 espectadores, convenientemente diseminados por los graderíos del coliseo coruñés, regresaron a la grada para presenciar lo que pocos imaginaron y en un contexto surreal.

El Deportivo, campeón de Liga en el año 2000, venció al Salamanca (2-1) en el quinto minuto de la prolongación de su puesta en escena en Segunda B, categoría a la que sólo había caído en la temporada 1980-81. Su último partido en esa catacumba fue el 24 de mayo de 1981. Aquel fin de semana España latía pendiente de la resolución del asalto al Banco Central en Barcelona, Juan Pablo II convalecía en una clínica romana tras cruzarse en la Plaza de San Pedro con Ali Agca y en Galicia se empezaban a detectar los primeros casos de una neumonía atípica que ya se diseminaba por otras latitudes del país.

La Segunda División B se muere. Nació en 1977 y ha tenido una vida convulsa, siempre malquerida, en un limbo en el que conviven clubs con estructuras profesionales con otros que semejan de liga de peñas. Todos bregan por sobrevivir en algo similar a un pozo que demanda gastos, ofrece pocos ingresos y racanea las opciones para promocionar. Desde 1990 todos los ascensos a Segunda A deben pasar el filtro de una fase de ascenso o una eliminatoria. Le han puesto fecha de caducidad porque los grandes de la categoría quieren disputar una competición con recursos para generar más dinero. Le llamarán Primera RFEF. 36 equipos de la actual Segunda B, y los cuatro que bajen de la categoría de plata, la disputarán la próxima temporada. 26 serán los equipos que caerán a Tercera División, que se denominará Tercera RFEF. Los 36 restantes jugarán la Segunda RFEF, que será el cuarto peldaño del fútbol español. O lo que es igual, en esencia estarán una división más abajo que ahora.

El Deportivo no considera esa posibilidad, detalle que puede jugar en su contra. “Se nos va a exigir ganar siempre y eso mentalmente es complicado. La competición marcará nuestro nivel”, detalla el capitán Álex Bergantiños. En un contexto que no demanda topes salariales, el club coruñés rompe el mercado. El futbolista mejor pagado del Coruxo, que en marzo se quedó al filo de jugar la promoción de ascenso, se mueve en torno a los 25.000 euros anuales. En el Deportivo, que da empleo a unas 140 personas, han llegado futbolistas que superan los 300.000 en contratos plurianuales. Y en la traca final del mercado acabó por inscribir al uruguayo Diego Rolan con el sueldo pactado cuando firmó por el club en 2018, 1,3 millones de euros. El club decidió que el futbolista debía quedarse todo el verano en casa sin entrenar a la espera de un traspaso que no llegó. Ahora está en Uruguay para tramitar el papeleo que le permita jugar en Segunda B con el Deportivo. “Si está aquí en quince días estaré contento”, dice el entrenador Fernando Vázquez. Rolan suma desde marzo apenas una semana de adiestramiento colectivo.

Fernando Vázquez tiene a sus órdenes un plantel en el que 12 de los 21 futbolistas han jugado en Primera División. Cuatro de ellos suman más de cien partidos: Álex Bergantiños, Keko Gontán y los veteranos Miku y Borges, que regresan al fútbol español. “No vamos a ganar con la camiseta”, advierte el costarricense, que ha firmado un contrato de cuatro años, al igual que Keko, un futbolista que llegó en enero al club, fue habitual suplente y disputó apenas siete tramos de partidos. “Somos favoritos, no podemos negarlo, pero no creo que sea bueno salir al campo con la presión de ganar 3-0 en el minuto 15”, explica.

En el estreno destiló esa sensación de un gigante de la categoría que superó esta semana la cifra de 20.000 socios, pero que ha ido a caerse en el peor momento en un laberinto de complicada salida. La emergencia sanitaria propició que no hubiera descensos y que de 80 equipos se haya pasado a 102. La necesidad obligaba a jugar pocos partidos (de hecho ya han comenzado los aplazamientos por episodios de covid-19), así que se engendró un farragoso sistema de competición con fases, subgrupos y unas eliminatorias directas finales. Una Liga que no premia la regularidad. “Se penalizarán muchísimo los errores”, presiente Álex Bergantiños, el capitán deportivista. “En segunda B hay excelentes jugadores desconocidos. Cada partido va a ser durísimo”, lamenta el entrenador Fernando Vázquez, que al inicio de la pretemporada reconoció que llevaba años sin ver fútbol de la categoría.

El veterano entrenador gallego regresa a un escalón que no pisaba desde 1995 y se encuentra un contexto irreconocible. Cada uno de los cinco grupos de esta postrera Segunda B se dividen en dos subgrupos. Los tres primeros de cada subgrupo jugarán por llegar a las dos eliminatorias finales, pero entre seis apenas tres lo lograrán. Y todos los resultados de la primer fase se arrastran para la segunda, incluso los obtenidos ante los rivales más modestos. Vázquez se ha percatado de una evidencia, el subgrupo del Deportivo es a priori, por presupuestos y potencial futbolístico, mucho más fuerte que el del otro con el que se cruzará, donde descollan Numancia, Cultural y Burgos entre filiales y modestos. “Se atenta contra un principio básico, que es el de igualdad. Contarán los puntos que se hacen ante rivales diferentes”, lamenta el entrenador. Pero el Deportivo, para sorpresa de gran parte de sus oponentes, no expresó queja alguna ante ese detalle y sí ante el formato de las eliminatorias finales, que se jugarán a partido único. “¡Cuidado con la soberbia!”, advierte el presidente de un club gallego de la categoría.

El Deportivo ya sabe que nada le resultará sencillo. Y que la urgencia le apretará. El club, apoyado en el músculo de su máximo accionista bancario, ha apostado por mantener la misma estructura que cuando estaba en Primera División e incorporó además a Fran y Valerón a su estructura en la base. Ahí hay mucho que construir en un equipo que en Segunda B alinea a dos futbolistas locales. Lucas Pérez (Alavés), Jason Remeseiro (Valencia), Raúl Carnero (Valladolid), Insua (Huesca), Barragán (Elche), Rubén Martínez (Osasuna) y Mosquera y Juan Carlos son coruñeses, juegan en Primera División y en algún momento de sus carreras pasaron por un club que se busca y no se encuentra.

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