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Couvre-feu

No, gracias a Dios, Hitler no ha entrado en París de nuevo. Pero el presidente Macron ha decretado cuatro semanas, ampliables a seis, de toque de queda sanitario; en el viejísimo y adorable París y en otras ocho áreas metropolitanas francesas, más de veinte millones de personas, desde ayer, han sido invitadas a quedarse en casa desde las nueve de la noche a las seis de la mañana. Les dejan salir de día a trabajar, a resolver asuntos imprescindibles; pero por la noche, en aras de la reducción del contacto social, toque de queda. Como las gallinas, mismamente.

En España, «toque de queda» dicen que tiene un perfume como militar y que por eso el gobierno lo rehúya como agua bendita. Confinarán y aplicarán el estado de alarma; pero eso de toque les suena a trompeta cuartelera y lo de queda todavía queda peor…

El caso es que no es del todo verdad lo que parece: el toque que ordenaba antiguamente la «queda» nocturna, o sea que los vecinos se relajaran, se quedaran «quedos» y se fueran a dormir, podía ser de tambor militar, en ocasiones, pero por lo general lo establecía el alcalde haciendo tocar la campana de la parroquia, el medio de comunicación de masas que más se ha usado hasta que llegaron los altavoces y el internet. La ordenación de las horas del vecindario, la llamada al trabajo y al sueño; a la alegría y al respeto nocturno, es un asunto muy doméstico y de tiempos de paz. Y si miramos en casa, no es preciso que estuviéramos en guerra para que sonara la campana del Micalet, se cerraran las puertas de la muralla y los borrachines trasnochadores se quedaran fuera… «A la luna de Valencia».

Toque de queda. En Francia se hacía lo mismo, como en casi toda Europa. El término que usan, sin embargo, es «couvre-feu». Que no tiene que ver con cubrirse del fuego enemigo ni con huir de los bombardeos, sino que se refiere a la hora en que un tambor, o una campana, recordaba que había llegado la hora de ir apagando los fuegos: los de los campamentos, sin duda, pero sobre todo los de los hogares. Antes de ir a dormir se apagaba la chimenea y se «cubrían» todas las velas y candelabros del hogar, fueran de cera, aceite o esperma de ballena, con la caperuza del apagacirios.

Los italianos emplean el término de «coprifuoco», que no hay que traducir, y los ingleses, al oído, copiaron del francés y dicen «curfew». En Alemania, algo más alemanes, emplean «ausgangssperre», que literalmente vendría a ser «salida cerrada». Y llegados a este punto, espero haber sido útil porque es de temer que el manejo del término nos va a hacer bastante falta de ahora en adelante. Buenas noches.

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