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La normalidad del Levante

Dicen que las comparaciones son odiosas. Siempre una de las partes sale malparada. Esta semana visité el estadio Ciutat de València. Desde el exterior, en mi ratito diario por la ronda norte para estirar las piernas, contemplaba las enormes grúas que alzaban la nueva cubierta. Sentía admiración por la milimétrica ejecución de la obra y por el veloz cumplimiento. Pero desde el interior los sentimientos se amplifican, como dicen que pasa en Gran Hermano. Asombrado. Justo ese día estaban quitando las sujeciones que aguantaban el anillo que rodeará las gradas y que acogerá la iluminación y las enormes pantallas. La afición granota se adentrará en pocos días en su remozada casa y no la reconocerá. En pocos meses y bajo la premisa que rige todo lo que ocurre en el Levante: tranquilidad y facilidad. Como espectador contemplas cada acción de la entidad azulgrana, en el ámbito que sea, y todo resulta comprensible. Quiere remodelar su estadio, y lo hace. Quiere hacer una nueva ciudad deportiva, y lo hace. Quiere renovar de por vida a su capitán, y lo hace. Todo fluye. Cualquier decisión se toma en Valencia pero en Madrid tiene predicamento. En LaLiga forma parte del núcleo duro del que ha desaparecido el club de Mestalla. Porque la entidad que preside Anil Murthy es todo lo contrario al Levante. Enrevesada. Compleja. Incomprensible. Además, se ha introducido en un nuevo nivel. La gente le ha perdido el respeto a la propiedad. En ocasiones porque no lo han merecido y en otras porque, una vez abierta la veda, todo resulta más fácil. Es lícito que Kondogbia se sienta ofendido si Murthy le prometió que lo vendería por una cantidad pactada. Pero es irrazonable que cargue contra su presidente en una red social con nocturnidad y alevosía. Bien ha hecho el club en abrirle un expediente disciplinario. Aunque tras ver las continuas quejas públicas del entrenador (todas justificadas), los demás han pensado que ancha es Castilla. La desafección de la afición con la propiedad del Valencia es evidente. Y lo peor es que a Meriton le da igual. Ni siente ni padece. Escuchas las declaraciones de Murthy, con críticas a extrabajadores del club y siempre buscando culpables, y entiendes lo que pasa. Cada día más alejado de la realidad valenciana y valencianista. Layhoon se afanó en hallar una cara local amable para endulzar la relación (no había nadie mejor que Jaime Ortí), pero al final no dio el paso y todavía lo pagan. Y a todas estas Lim sigue comprando acciones. Dicen que refuerza su intención de quedarse. Recuerdo que Paco Roig puso un anuncio en LAS PROVINCIAS para adquirir títulos el mismo día que se las vendió a Juan Soler.

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